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¡Y Agradecido exclamó: A Comer Bocachico Se Dijo!

Las tardes de sábado tienen algo especial. No son como las tardes de los otros días de la semana donde las labores y la rutina te ocupan. Ni son como las de domingo, que encierran su bruma particular, mitad flotando, mitad huyendo o quizá contemplando el temido síndrome de domingo por la tarde. Todavía es sábado, son las 9:57 p.m. y no puedo ir a dormir sin antes comentarte agradecido porque la tarde de hoy fue particularmente especial

Aquel 10 de mayo.

Para un niño de 10 años los días duran más, excepto los domingos después de almuerzo cuando el reloj se emociona y gira más rápido de lo que queremos. Ese día era domingo. Lo tengo muy claro. Domingo 10 de mayo de un año lleno de emociones encontradas. Como el mismo mes con sus asfixiantes calores soporíferos y las lluvias refrescantes, con la invasión de moscas y de los atardeceres de escarlata.
Ese domingo, segundo del mes, se celebraba el día de las Madres.

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